Por Salvador Ruiz (EFE).- Las 12:34 horas según el reloj del vestíbulo de la estación de tren María Zambrano, en Málaga. Las manillas no avanzan, está parado. Se fue la luz, como en muchos sitios. Los ciudadanos afrontan la situación improvisando, con autorregulación, solidaridad e inquietud. No sabían que iba para largo.
Mientras ocurre esto, en la capital de la Costa del Sol están reunidos científicos de diversos países para abordar los retos y oportunidades de la ‘energía de fusión’, donde parece estar el futuro y que será presente en solo una década. Dicen que proporciona seguridad energética.
Ya en la calle, aparecen cortados con cordones policiales los pasos principales de las rotondas en destacadas vías de la ciudad para poner orden ante el apagón de los semáforos, y en muchas de ellas policías locales regulan, bajo el sol, el tráfico. Donde no había cordones ni agentes, los conductores se han autorregulado y dejaban pasar unos a otros sin mayores complicaciones.
En la gran estación de ferrocarril (desde trenes de alta velocidad a los de cercanías) la circulación de este medio de transporte quedaba interrumpida, mientras los que pretendían viajar preguntaban qué pasaba con sus planes o esperaban la solución del problema.
Turistas afectados
Una de ellas es Juliet, colombiana que estaba “vacacionando” y que iba a subir a un tren hacia Madrid. Descansando sentada sobre su maleta explica a EFE que, al llegar a la estación, se encontró que no había servicio; le aseguraron que se debía a un daño eléctrico y que hasta que no se acomodara, no podrían emprender su itinerario, por lo que le tocaba esperar.
La Policía empieza a impedir el acceso a la estación a todo el que no enseñe su tique de aparcamiento y pretenda retirar un vehículo estacionado en los sótanos. Se percibe cierto nerviosismo.
Al lado, una de las principales estaciones del metro tiene el acceso cerrado, el servicio está también parado y no hay pasajeros en su interior.
A muchos no les funciona internet ni los móviles y se comenta que quedaron personas atrapadas dentro de ascensores parados al interrumpirse el suministro eléctrico.
El aeropuerto no para
En la otra punta de la ciudad, la situación es diferente a la de los trenes y el metro, el gran aeropuerto malagueño, uno de los principales de la península en volumen de pasajeros, no para, sigue su dinámica de trasiego.
Los paneles informativos informan del movimiento de vuelos (unos con embarque finalizado, otros en proceso de embarque, alguno con la hora estimada de salida que anuncia algunos minutos de retraso); colas en los mostradores de facturación y legiones de tripulaciones uniformadas y portando sus maletas se encaminan a los aviones como hacen habitualmente.
Jordi viene de Jerez de la Frontera (Cádiz) y va a volar a Edimburgo, también de vacaciones. Asegura que a EFE que en principio no hay nada que temer, que todo funciona con normalidad, aunque está expectante hasta llegar a la puerta de embarque: “A ver si hay suerte y tenemos unas vacaciones tranquilas”, desea mientras continúa su camino.
Comer en casa de familiares
Una mujer confesaba a EFE que se dirigía, junto a su marido y sus hijos, a casa de un familiar que tiene cocina de gas butano para poder almorzar.
Padres y abuelos de alumnos de colegios, preocupados por lo ocurrido, han optado por acudir a recogerlos antes de la hora de finalización de las clases. Y la solidaridad ha funcionado a la hora de compartir taxi, hasta algún mayor no ha permitido que el joven estudiante con el que compartía carrera pagara su parte.
En un bar pueden servir alguna comida que calienta con sus equipamientos de gas y ofrecen tapas preparadas previamente, es día de conocer establecimientos nuevos que están operativos pese al corte de luz.
Entre algún cliente de la hostelería hay tiempo para la broma: “Se van a salvar los niños y las mujeres, los demás van a morir”. Es la ocurrencia que en esta inédita situación lanza en voz alta, entre risas, ante algunos habituales del local.
Colas en las puertas de supermercados, que van atendiendo en la misma puerta como pueden poco a poco. Y también en los bazares, con clientes buscando, ayudados de la luz de sus teléfonos móviles, al menos pilas y velas. Pan no había manera de encontrar.
Y volvió la luz
Un vecino que pasa comenta a EFE que ya ha vuelto la luz en uno de las nuevos barrios de la ciudad. Como no hay manera de comprobarlo por teléfono, la opción es desplazarse hasta allí. El coche sí funciona.
Un empleado del otro bar confirma que ha hablado con su mujer, que está en la referida zona, y que es cierto, además de añadir que el ferretero del lugar ha agotado las reservas de los dispositivos que, alimentados con pequeñas bombonas de gas, permiten disponer de luz o de un infiernillo.
Hay quien camina por la calle portando grandes paquetes de botellas de agua y papel higiénico, como en otros tiempos.
Teatinos, ese nuevo barrio, tiene partes con luz (cafeterías funcionando y semáforos también). Era verdad lo que contaban. Y en otras zonas de la capital malagueña también recuperaban la normalidad.
Un vecino pasaba charlando con otro sobre “la ‘luuuuu’…”. Probablemente la palabra más empleada del día. Y es que en algunos sitios, al final se hizo la luz. EFE









Y la gente preocupada por no poder cargar el móvil.