En España hay unas 18.000 niñas que cada año se encuentran en riesgo de sufrir una mutilación genital femenina, aunque el número de víctimas que ya la han sufrido se eleva a 180.000, entre ellas niñas de edades muy tempranas nacidas en suelo europeo.
“Es otra forma de violencia de género que afecta a niñas y mujeres en el mundo”, ha afirmado en declaraciones a los periodistas Mbaye Gil Sánchez, enfermero del Hospital de Basurto y profesor de la Universidad del País Vasco en Vitoria, que lleva desde hace 14 años luchando como activista contra la mutilación genital femenina.
Según ha explicado, en todo el mundo son tres millones de niñas las que sufren el riesgo de sufrir esta práctica, perseguida por la legislación española con penas de entre 6 y 12 años de cárcel y que sigue siendo un rito tradicional en 30 países africanos, “musulmanes y no musulmanes”.
Senegal, Mali, Gambia, Túnez y Sudán son algunos de los países con una prevalencia muy alta de mutilación genital femenina a sus mujeres y niñas, pero también Egipto, donde quienes realizan esta práctica son cristianos coptos, fundamentalmente mujeres que “toman la decisión de hacerla porque se sienten identificadas como mujeres mutiladas”.
Y, aunque está prohibida en muchos países del continente africano, la realidad es que “a día de hoy se sigue realizando en zonas rurales y a edades muy tempranas, incluso pocos días después de haber nacido la niña, lo que es muy peligroso para ellas”, ha señalado Mbaye Gil.
Sobre todo por las condiciones tan desfavorables en las que se llevan a cabo, “de una manera no aséptica” y a manos de mujeres con una valía importante dentro de su comunidad que han ido practicando la mutilación genital femenina como un rito tradicional heredado de sus abuelas o madres.
En España, apunta Mbaye Gil, “no es que no se realice”, algo que desconocen, pero quienes corren el riesgo de ser mutiladas son “niñas que han nacido aquí y durante sus viajes de vacaciones con sus padres a los países de origen corren el riesgo de que se les practique”.
Por eso, el activismo contra la mutilación genital femenina busca evitar que esas niñas nacidas en España o reagrupadas con sus familias sufran esa práctica, casos en los que “hay que estar muy atentos porque siguen pasando”, para lo que, a su juicio, es necesario formar a los profesionales que trabajan con esa población.
De esa manera, cuando detecten una situación de riesgo, se activa un protocolo para proteger a esas niñas, ha incidido Mbaye Gil, que ha abordado este asunto de manera amplia durante su participación en el curso ‘Discriminaciones en el tránsito de menor a adulta inmigrante en España (diversidad, adultez, seguridad y exclusión)’ de la UNED en Melilla.
Llegó en patera siendo menor
Mbaye Gil creó en 2019 la ONG Sunu Gaal para seguir en esa lucha contra la mutilación genital femenina y por la justicia sanitaria con trabajos de cooperación al desarrollo.
Esta ONG se encuentra actualmente haciendo un estudio con la Universidad de Valencia en Senegal, recabando datos sobre la mutilación genital femenina, un tema que siempre ha llamado la atención de Mbaye Gil y contra el que ha querido luchar al haber visto casos de niñas que la han sufrido en Senegal, su país de origen, del que salió en patera con solo 15 años.
Él también fue menor extranjero no acompañado, como los casos que se abordan en este curso de tres días que se está celebrando en la UNED, donde ha relatado su vida en España desde que llegó en aquella patera a Tenerife hace justo dos décadas, tiempo en el que ha vivido en la calle y ha trabajado en la venta ambulante y el campo.
Su vida cambió tras ser adoptado en Bilbao hace 14 años, siendo ya adulto, lo que le permitió cumplir su sueño de estudiar Enfermería y dedicarse profesionalmente a ello, no solo en la sanidad pública vasca, sino también como profesor en la Universidad de Vitoria-Gasteiz.
Ello también le ha permitido continuar su lucha como activista contra la mutilación genital femenina, contra la que asegura que seguirá trabajando. EFE






