Javier Maroto llegó a Bilbao a las 8,15 de la mañana en coche. Se bajó en la Gran Vía y lo primero que hizo fue tomarse un café en uno de los más emblemáticos locales hosteleros de la capital vizcaína: La Granja.
Lo hizo acompañado de su máximo colaborador y jefe de gabinete, Rafael Laza, y de su abogado. Estaban a pocos metros de la sede de la Fiscalía.
Maroto se tomó un cortado, pagó la ronda y se permitió hacer alguna broma. Tranquilo y sosegado.
En el exterior del Palacio de Justicia bilbaíno había una veintena de periodistas y otros tantos simpatizantes de SOS Racismo preparados para increparle.
«No me voy a esconder, voy a dar la cara», afirmó a Norte Expres antes de emprender los últimos cincuenta metros.
Se dirigió con su equipo por la calle Colón de Larreategui hasta la entrada de l edificio. Lo hizo un minuto antes de la hora prevista. Los reporteros gráficos se afanaban por sacar la mejor imagen y los manifestantes por gritar cada vez más alto consignas de racista, racista, racista.
Maroto no perdió la compostura, incluso hubo alguna sonrisa en su cara. Relajado, sin corbata, entró a la declaración.
Tras poco más de una hora, 66 minutos en concreto, salió y esperó en una sala adyacente para atender a los medios. La seguridad del Palacio de Justicia prefirió que los periodistas entráramos al interior para evitar líos con los manifestantes que esperaban en el exterior.
Tras una rueda de prensa improvisada que duró alrededor de ocho minutos, Maroto se quedó atendiendo individualmente a cada periodista que se lo pidió. Incluido un directo con Susana Griso de Antena 3 Televisión.
A la hora y 55 minutos salió por garaje del Palacio de Justicia en dirección a Vitoria, tras afirmar que estaba satisfecho por haber podido declarar y explicarse.







