(EFE).- El Tribunal Supremo ha confirmado hoy la condena a 81 años que la Audiencia Nacional impuso al etarra José Lorenzo Ayestarán Legorburu, alias Fanecas, por participar en el asesinato a tiros de tres guardias civiles en la localidad alavesa de Salvatierra el 4 de octubre de 1980.

Según la sentencia que la Audiencia dictó en setiembre de 2014 y que ha confirmado el Supremo, el atentado se produjo cuando los agentes -el cabo primero José Vázquez Platas y los guardias Avelino Palma Brioa y Ángel Prado Mella- ordenaban el tráfico en el transcurso de una carrera ciclista que se iba a celebrar durante las fiestas patronales del pueblo.

La sentencia ahora confirmada relataba cómo Ayestarán y otros dos miembros del comando Axular ya condenados por estos hechos -Ignacio Aracama Mendía ‘Makario’ y Félix Alberto López de la Calle ‘Mobutu’- «de forma sorpresiva dispararon contra sus víctimas en la cabeza y en el tronco, dándose posteriormente a la fuga escondiéndose en un caserío de Salvatierra».

El Supremo confirma la indemnización de 390.000 euros para las dos viudas que dejó ETA en este atentado, una de las cuáles estaba embarazada de cuatro meses cuando se produjeron los hechos y la otra tenía ya entonces dos hijos de dos y tres años.

El alto tribunal señala en su sentencia que existen indicios suficientes y elementos que corroboran lo declarado en su día por el jefe del comando, hoy fallecido, como por ejemplo las huellas dactilares halladas en uno de los vehículos utilizados en el crimen, las investigaciones periciales y varios testimonios llevados a cabo en el juicio oral.

Según el relato de hechos probados, Fanecas, Makario y Mobutu decidieron asesinar a los tres guardias civiles en la citada prueba ciclista, «tras un intento abortado en el mes de septiembre en la localidad Salinas de Leniz (Gipuzkoa)».

Para ello, se pusieron en contacto con el entonces cura párroco de Salvatierra, Ismael Arrieta Pérez, que les informó sobre el lugar de salida de la carrera y que incluso les llegó a avisar de la modificación que se produjo finalmente de ese punto de partida.

Uno de los terroristas, Mikel Lopetegui, ya fallecido, se ocupó de cubrir la acción con una metralleta mientras que los otros tres etarras se aproximaron cada uno armado con una pistola al punto donde se hallaban los guardias civiles encargados de custodiar la carrera y les dispararon hasta matarles.

Tras los hechos se dieron a la fuga hacia el puerto de Opakua, abandonando el Simca 1200 en el que iban en el camino de Vicuña de Alegría (Álava), donde les esperaba otra persona no enjuiciada en esta causa.

Precisamente, una de las principales pruebas cargo para condenarle han sido las huellas digitales del acusado encontradas en el vehículo en el que huyeron.

El sumario por este atentado se reabrió en agosto de 2000, al aparecer nuevas pruebas contra Ayestarán, lo que motivó que se ordenará su busca y captura en noviembre de 2003, siendo finalmente detenido en Francia en 2010.



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