La importancia de los cofrades es vital para que todo esté listo la noche del 4 de agosto. Un grupo de 6 personas se ocupan de que todo en el museo esté perfecto realizando reparaciones y ajustes que evitan que haya que gastarse mucho dinero cada año (como sucedió en 1995 momento en el que costó cerca de 80 millones de las antiguas pesetas arreglar varias piezas que estaban muy deterioradas). De cara a la procesión del día 4, el grupo se incrementa hasta llegar a la decena de cofrades: ellos son la que se ocupan de todo. “Es un trabajo muy poco valorado pero es esencial para poder ser lo que somos cuando salimos a la calle”, explica Ricardo Sáez de Heredia, Abad de la Cofradía de la Virgen Blanca, responsable de la custodia de estas piezas del patrimonio local de valor incalculable.

Ser cofrade supone un gasto de 10 euros al año (“e incluso los hay que pagan 6 y los hay que no pueden pagar pero también son cofrades”, apostilla el Abad de la Cofradía de la Virgen Blanca). En la actualidad, son más de 3000 las personas que forman parte de la Hermandad y, claro está, no pueden procesionar todos. “Cada año participan unas 350 personas portando las 279 piezas, y cada año, en torno a un 15% ha cambiado con respecto al año anterior porque son muchos los que desean participar de nuestro día”, explica Sáez de Heredia. Los faroles pequeños pesan 4,5 kilos y los grandes alrededor de 7.

En este 2016, han cambiado las bombillas tradicionales por luces LED que estropean menos las vidrieras, hace que se vean mejor, y gastan menos. “La preocupación es saber cómo lucirán en la calle porque no puede disminuirse la intensidad de la iluminación viaria por temas de seguridad y aunque aquí quedan perfectos- , declara el Abad-, no sabemos cómo se verán las vidrieras si tenemos en cuenta farolas, escaparates,…”.

La procesión del Rosario de los Faroles –así llamada por los que en la procesión aparecen– tal y como la conocemos hoy, tiene su origen a finales del siglo XIX. Es un espectáculo solemne de luz y cristal que recorre las calles céntricas de Vitoria a partir de las diez de la noche del 4 de agosto. Se tienen noticias de la procesión desde el año 1855, cuando se portaban farolillos de cartón y cera, aunque la actual lleva desde 1895 sin dejar de procesionar. La idea salió de Manuel Diaz de Arcaya, alcalde vitoriano, que reunió gran parte de la colección que se completó en 1897 con la donación de los Ministerios Gloriosos por parte de Doña Felisa de Olave.

Aquel agosto de 1895 (aunque algunos cronistas lo fechan un año más tarde), se pasearon por Vitoria, en recogida marcha religiosa, sesenta faroles transportados por soldados de Infantería y 6 carrozas que representan a los Misterios Gozosos y el primero de los Dolorosos.

Para la construcción de la totalidad de las piezas se abrió una suscripción popular que, con la contribución de todos los vitorianos, que acudieron a sufragar el importe de lo que ha sido considerada una verdadera joya artística, alcanzó a finales de 1896 la cifra de 12.258 pesetas. La procesión salió al completo en 1897.

Cada vez son más los visitantes del Museo de los Faroles (en la calle Zapatería 33) con grupos llegados de Madrid, Cataluña (Barcelona, sobre todo) y de Extremadura. Últimamente también de Bizkaia. “Echamos de menos más vitorianos, -declara el portavoz de la Cofradía. – de las 15.000 visitas del pasado 2015, sólo 4.000 eran vecinos de aquí y es una pena porque este patrimonio es nuestro y muchos lo desconocen”.



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