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Estas últimas semanas, Eder Sarabia y Sergio Herrera se habían convertido, por méritos propios, en los enemigos del Alavés. Declaraciones fuera de lugar, acciones innecesarias y una tensión competitiva que encendió a la afición del Deportivo Alavés.

Pero el fútbol, caprichoso como siempre, ha querido que ambos protagonistas terminen rompiéndose por dentro justo cuando tocaba respirar.

Sarabia, lágrimas antes de la última jornada

El viernes ya adelantamos que Eder Sarabia, técnico bilbaíno del Elche, se emocionó en la rueda de prensa previa al decisivo duelo ante el Girona. Nuevo teatrillo del bilbaíno: Tras ofender al Alavés, hoy lloros –

Sergio Herrera, emoción tras el pitido final

El otro protagonista fue Sergio Herrera, portero de Osasuna. Las cámaras de Cope Navarra captaron al guardameta llorando tras la derrota por 1‑0 ante el Getafe, un resultado que, pese al tropiezo, certificaba la permanencia rojilla.

Toda la tensión acumulada durante semanas se liberó en un instante. El mismo jugador que había encendido a los aficionados del Alavés terminó derrumbándose cuando supo que Osasuna seguiría en Primera.

De bajar, todos se hubieran acordado de la chapuza que perjudicó al Alavés: El enemigo número 1 de la afición del Alavés esta semana

Al final, todos respiran

En el fondo, y aunque hayan sido antagonistas circunstanciales, nos alegramos que Osasuna haya logrado salvarse. El fútbol también va de esto: de emociones, de errores, de impulsos… y de finales que desarman a cualquiera.

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