Los municipios vascos se han concentrado este viernes en solidaridad con Ucrania al cumplirse el primer aniversario de la guerra, a la vez que han pedido «paz y democracia» para este país.

Así lo ha expresado el presidente de la Asociación de Municipios-Eudel, Gorka Urtaran, durante la concentración celebrada ante el Ayuntamiento de Vitoria, donde se han reunido 40 personas, en su mayoría políticos de todos los partidos, entre ellos el diputado general, Ramiro González.

Allí, el alcalde de Vitoria y presidente de Eudel ha comentado que los municipios vascos se han concentrado para mostrar su solidaridad «con el pueblo ucraniano, con los millones de refugiados y con las miles de víctimas de esta cruel guerra».

También «para reivindicar un mensaje un mensaje de paz sí, pero democracia también. La paz no se consigue solo con el cese de las hostilidades, sino que se consigue también respetando los valores de la democracia, la libertad, la igualdad, el respeto los derechos humanos, al derecho internacional y a la integridad territorial».

Este es un mensaje, ha concluido Urtaran, «que debe interiorizar especialmente la Federación rusa y su presidente Vladimir Putin».

En Bilbao, el alcalde, Juan Mari Aburto, ha mostrado su solidaridad con Ucrania y con las víctimas de esta guerra «injusta y absurda», durante una concentración celebrada a las puertas del Ayuntamiento, en la que el primer edil y la corporación municipal han guardado cinco minutos de silencio.

«Ojalá no tengamos que celebrar un segundo aniversario. Ojalá no tengamos que volver a estar en estas escalinatas ni en ningún otro lado, en lo que pudiera ser el segundo aniversario de la guerra», ha señalado Aburto.

El alcalde ha pedido a la diplomacia europea y mundial que «haga los deberes que tenga que hacer» para que esto acabe cuanto antes.

En San Sebastián, todos los grupos políticos del Ayuntamiento han estado representados en la concentración, en la que no ha participado el alcalde, Eneko Goia, que asiste al acto de inauguración de la Capitalidad Europea de la Economía Social.

Los miembros de la corporación portaban tres banderas de Ucrania, a la que se ha sumado otra que han llevado a este acto tres mujeres ucranianas refugiadas, confeccionada por ellas mismas.

Urkullu pide a Rusia un alto el fuego y que se comprometa con un plan de paz

El lehendakari, Iñigo Urkullu, ha pedido a Rusia un alto el fuego en Ucrania y su «compromiso» para desarrollar de un plan de paz, al tiempo que ha reclamado el fin de la «invasión unilateral» y que se apueste por «vías diplomáticas que hagan posible una paz justa y duradera».

El lehendakari ha presidido este viernes, cuando se cumple un año del inicio de la guerra, un acto para reconocer la solidaridad de los vascos con Ucrania al que han asistido representantes de entidades del tercer sector como CEAR, Cruz Roja y Cáritas, asociaciones de acogida de niños de Chernobil, personas refugiadas y familias acogedoras.

«Hoy se cumple un año del inicio de la barbarie», ha relatado Urkullu, que ha apelado a no olvidar la vulneración de derechos humanos que supone usar «armas contra la población para ejercer la tiranía».

Ha expresado el «pleno apoyo» del Gobierno Vasco a «la unidad en la respuesta europea e internacional» ante la «agresión unilateral» de Rusia, así como en la «exigencia del fin de la invasión unilateral y en el objetivo de explorar vías diplomáticas que hagan posible una paz justa y duradera».

En este sentido ha reclamado a Rusia «un alto el fuego» y también un «compromiso para con el desarrollo de un plan de paz».

UN MINUTO DE SILENCIO

«Están en juego los derechos humanos, el futuro de nuestros pueblos y los principios y valores que sustentan la paz y la convivencia internacional», ha advertido Urkullu, que ha invitado a los asistentes a guardar un minuto de silencio en recuerdo a los muertos, heridos y desplazados por el conflicto.

El máximo mandatario vasco ha recordado que cuando el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, intervino en las Cortes Generales recordó el bombardeo sobre Gernika durante la guerra civil, ante lo cual su homólogo español, Pedro Sánchez, lamentó no haber contado entonces con la solidaridad internacional.

«Apelo al recuerdo de lo vivido en Euskadi, a lo sufrido por la mayoría del pueblo vasco para intentar ponernos en la piel de quienes hoy padecen» la guerra en Ucrania, ha expuesto el lehendakari.

La solidaridad mostrada por la sociedad vasca en «este año de atrocidad», ha valorado, encarna «la esperanza frente a la desolación». Ha destacado de manera especial «la solidaridad y esfuerzo» de las más de 1.500 familias que han ofrecido su casa a 3.500 refugiados y que por ello «merecen una mención expresa de reconocimiento».

Ha recordado además que la cooperación vasca también se ha desarrollado en la propia Ucrania, donde gracias a las instituciones de Euskadi se han construido dos campamentos infantiles, usados para acoger a refugiados con necesidades especiales, y se ha rehabilitado un hospital a 50 kilómetros de Kiev, que atiende a heridos de guerra.

«LA SOLIDARIDAD ABRE LA PUERTA A LA ESPERANZA»

«Hay una conclusión que podemos destacar después de este año: la crueldad e injusticia de la guerra no tienen por qué tener la última palabra» porque «frente a lo peor, brota también lo mejor de la condición humana. El compromiso y la solidaridad abren la puerta a la esperanza de la paz», ha valorado Urkullu.

Ha detallado además que en este primer año de guerra 4.180 personas desplazadas desde Ucrania han obtenido el Estatuto de Protección Temporal en Euskadi, donde se han matriculado a 1.550 alumnos de aquel país y se ha prestado asistencia sanitaria a 3.100 ucranianos.

Para gestionar la atención a estas personas se creó apenas una semana después del inicio de la invasión una Mesa de Seguimiento para la acogida de personas refugiadas que este viernes ha celebrado su vigésima reunión justo antes del acto de reconocimiento a la solidaridad de la ciudadanía vasca.

En él se han escuchado el testimonio grabado de varias familias de acogida, de varios jóvenes desplazados y se ha celebrado un coloquio en el que han participado tres ucranianos -Sofía, Ana y Vasyl- y un integrante de Chernobileko Umeak.

EN AUTOCARAVANA DE EUSKADI A POLONIA

Vasyl fue durante años un niño acogido por una familia vasca y vive desde antes de la guerra en Artziniega (Álava). Cuando comenzó la invasión viajó con su hermano -que reside en Tolosa (Gipuzkoa)- en una autocaravana hasta Polonia, donde recogió a su madre, su cuñada y sus sobrinos.

Su cuñada regresó después Ucrania con sus hijos, pero su madre sigue con Vasyl y tiene «el corazón partido porque tiene a sus nietos allí», en un país donde «nada es seguro».

Sofía es ahora estudiante de la Universidad de Deusto. Lleva diez meses en Euskadi y desde septiembre vive con una familia vasca que tiene dos hijos de su edad y con la que se siente «acogida y protegida». «Siempre me ayudan», ha agradecido.

Ana ha confesado que a su llegada a Euskadi le «impresionó» que hubiera «mucha gente muy implicada» con los refugiados. Gracias a ellos ha aprendido castellano, escolarizado a los niños y encontrado trabajo, aunque los ucranianos tienen problemas para homologar sus titulaciones.

Por ello ha pedido que se agilicen los trámites para convalidar títulos porque hay «muchos buenos profesionales que quieren ser útiles y no una carga para el sistema».

Por su parte, Enrique, de Chernobileko Umeak, ha valorado el «liderazgo» del Gobierno Vasco a la hora de canalizar la solidaridad al principio desbocada de los vascos y se ha mostrado crítico con el papel «muy deficiente y humillante en muchos casos para los refugiados».

Balance positivo pero sobrio de la solidaridad vasca: Se ha hecho lo debido

El Gobierno Vasco hace un balance positivo de la solidaridad vasca en el primer año transcurrido desde el inicio de la guerra en Ucrania aunque es una valoración «sobria, discreta y exenta de cualquier hipérbole o autocomplacencia: sencillamente, se ha hecho lo que se debía hacer».

Esta es una de las conclusiones del documento «Ucrania-Euskadi: Memoria de un año de solidaridad» que el Ejecutivo autonómico ha presentado en la Mesa de Seguimiento para la Acogida de Personas Refugiadas de Ucrania, que este viernes ha celebrado su vigésima reunión.

«A pesar de todas las dificultades e incertidumbres, especialmente en las primeras semanas, la experiencia de este año de solidaridad merece una valoración positiva», señala el texto, que concluye que siempre se ha actuado bajo el criterio de «la autocrítica y mejora permanente».

Así, en cada reunión de la Mesa -que aglutina a las instituciones y entidades del tercer sector- se han analizado los «déficit y aspectos mejorables», algo que «no podía ser de otro modo» porque se trata de un «acontecimiento desconocido tanto en su intensidad y dimensión cuantitativa como en su previsión y extensión en el tiempo».

El Gobierno Vasco atribuye ese balance positivo de la respuesta solidaria a que se ha actuado en red bajo la coordinación de la Mesa de Seguimiento y con un método de trabajo «sistematizado».

«La colaboración público-privada y público-social ha sido muy positiva. De forma descentralizada y cooperando, hemos podido responder mejor a las necesidades», añade la memoria, que cifra en 4.180 los ucranianos que han solicitado la protección internacional temporal en Euskadi desde el inicio de la guerra.

En este primer año 3.101 personadas desplazadas desde Ucrania han obtenido la tarjeta sanitaria de Osakidetza, 1.027 menores se han matriculado en centros educativos de Euskadi y otras 532 lo han hecho en escuelas oficiales de idiomas y centros de educación para adultos.

En torno a 1.500 familias vascas, muchas de ellas de origen ucraniano, han acogido en sus casas a desplazados por la guerra -la estimación es que se ha acogido en algún momento a 3.500 refugiados- y «miles de personas o familias anónimas» los han acompañado en su proceso de integración social.

La memoria constata además que 1.633 unidades convivenciales han recibido ayudas económicas del programa Azken Sarea Indartzen por un importe cercano a los 3 millones de euros.

Mediante el programa Loturak, 856 personas han recibido un acompañamiento personalizado con grupos locales de acogida y a través el Programa Berritze 570 personas ha contado con atención psicosocial personalizada.

Por su parte, el programa Aukerak Suspertzen ha permitido que 69 niños y adolescentes hayan recibido un refuerzo educativo extraescolar. EFE



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