La subida del nivel del mar podría hacer desaparecer el 39 % de la superficie de las playas vascas en 2100, una de las principales amenazas que el Gobierno Vasco quiere afrontar con el Plan Territorial Sectorial (PTS) de Protección y Ordenación del Litoral, cuya aprobación inicial ha presentado este lunes en Bilbao.
El Gobierno Vasco ha dado un paso decisivo en la planificación territorial de Euskadi con la presentación oficial de la aprobación inicial del Plan Territorial Sectorial (PTS) de Protección y Ordenación del Litoral, un documento que redefine la forma en que el país afrontará los desafíos climáticos, ambientales y urbanísticos de su costa en las próximas décadas. La rueda de prensa celebrada en Bilbao ha reunido al consejero de Vivienda y Agenda Urbana, Denis Itxaso, al consejero de Industria, Transición Energética y Sostenibilidad, Mikel Jauregi, al viceconsejero de Planificación Territorial y Agenda Urbana, Juan Carlos Abascal, al viceconsejero de Medio Ambiente, Josu Bilbao, al director de Planificación Territorial, Mikel Gargallo, y al director general de la Agencia Vasca del Agua – URA -, Asier López Etxebarria, quienes han coincidido en subrayar la “trascendencia estratégica” de este plan.
No se trata de una actualización rutinaria. La revisión del PTS del Litoral —cuya versión anterior databa de 2007— llega en un momento en que el litoral vasco se encuentra en el centro de múltiples tensiones: los efectos del cambio climático son cada vez más palpables, la presión sobre el espacio costero aumenta y la normativa territorial y ambiental ha evolucionado profundamente en los últimos años. Itxaso ha recordado que “desde 2019 la adaptación al cambio climático es una obligación que deben cumplir todos los instrumentos de ordenación territorial”, y ha destacado que, en este caso, la variable climática adquiere un protagonismo singular. “Es probablemente el plan más condicionado por el cambio climático de todos los que hemos elaborado, y además es el primero en todo el Estado que incorpora explícitamente esta variable”, ha añadido.
“Porque conviene decirlo con claridad: el mundo va sobrado de diagnósticos sobre el cambio climático y sus efectos. En los últimos años, todos y todas hemos tomado conciencia de que esto no es ninguna broma y de que sus impactos ya se dejan sentir incluso en territorios con un clima tradicionalmente benigno, como el nuestro. El verdadero reto ya no está en seguir describiendo el problema, sino en dar el salto hacia la acción, hacia decisiones valientes y hacia un compromiso presupuestario real que permita adaptar nuestro territorio y hacerlo más seguro y resiliente frente a los riesgos que vienen”, ha explicado el consejero de Vivienda y Agenda Urbana.
La costa vasca constituye un espacio complejo, frágil y enormemente diverso. Aunque linealmente suma alrededor de 120 kilómetros, la suma de entrantes y salientes eleva la superficie realmente ordenada hasta los 275 kilómetros lineales. En esa franja se concentran 41 playas, 12 campos dunares, 29 marismas, acantilados que se extienden a lo largo de 81 kilómetros, y una red de infraestructuras en la que conviven depuradoras, faros, carreteras, estaciones oceanográficas y equipamientos de todo tipo. Las 14 rías y estuarios que desembocan en el Cantábrico llevan la influencia del PTS hasta 15 kilómetros tierra adentro, ampliando considerablemente su impacto territorial. Todo ello afecta de manera directa a alrededor del 32% de la población vasca, más de 700.000 personas, que residen en la franja costera o en las áreas urbanas situadas en los valles fluviales próximos a la desembocadura.
El documento presentado hoy es el resultado de un largo proceso técnico, institucional y participativo iniciado en 2019. A lo largo de estos años se han producido numerosas reuniones con agentes sociales, administraciones públicas, entidades sectoriales y colectivos especializados, un trabajo que el viceconsejero Abascal ha destacado en su intervención. “Ha habido un proceso participativo muy amplio y muy exigente, porque estamos hablando de un plan que marca qué se puede y qué no se puede hacer en la costa vasca durante los próximos años”. La aprobación inicial supone ahora la apertura de un periodo de información pública de dos meses, durante el cual el documento
—junto con la Evaluación Ambiental Estratégica— será accesible a administraciones, organizaciones y ciudadanía.
Un plan dinámico
Uno de los aspectos que más atención ha generado es la incorporación de escenarios climáticos detallados. El plan parte de los estudios elaborados por el grupo de expertos científicos IPCC y adopta como referencia el peor de los escenarios —el RCP 8.5, aquel que contempla un incremento sostenido de emisiones de gases de efecto invernadero— debido a la insuficiente reducción global de emisiones. Según estos modelos, para este peor escenario el nivel del mar podría elevarse hasta 72 centímetros en el año 2100, una cifra que transformaría por completo la relación entre el mar y el territorio. En cambio, si fuéramos capaces de contener las emisiones de gases de efecto invernadero, esta subida se limitaría a 49 centímetros. Ya hoy, la pleamar meteorológica alcanza los 2,91 metros, y pequeñas variaciones de apenas 10 ó 15 centímetros están provocando inundaciones recurrentes en zonas como los bidegorris del Bidasoa, en Irun. Este PTS es, en cualquier caso, un plan dinámico, que se irá actualizando a medida que evolucionen las emisiones de gases de efecto invernadero y se concreten los riesgos naturales vinculados al nivel del mar y a otros fenómenos asociados al cambio climático.
El impacto de este ascenso del nivel del mar se refleja con especial contundencia en los ecosistemas costeros. Los estudios integrados en el PTS estiman que, en el escenario más adverso, Euskadi podría perder el 39% de la superficie de sus playas, el 26,7% de sus dunas y hasta el 75% de sus marismas, una de las cifras más críticas del documento. El propio Abascal ha subrayado este punto al explicar que “las marismas son extremadamente sensibles, porque muchas se encuentran a cota cero; un incremento de 0,72 metros prácticamente las hace desaparecer”.
También los espacios verdes, la infraestructura ecológica, las zonas residenciales e industriales y el frente costero expuesto al oleaje sufrirían un incremento notable de su vulnerabilidad. En particular, las áreas residenciales vulnerables pasarían del 1,13% al 2,76% (un incremento del 244%) y las industriales del 1,43% al 3,64%, cifras que obligan a replantear la planificación urbana en numerosos municipios.
Para anticiparse a estos riesgos, el PTS incorpora una normativa innovadora que clasifica el territorio en diversas categorías de vulnerabilidad: las zonas especialmente vulnerables ante el incremento del nivel del mar por efecto de la marea y el oleaje (ZINM); las zonas vulnerables ante el aumento de la inundabilidad fluvial (ZIIF); las zonas vulnerables por el incremento del nivel freático y la disminución de la capacidad de evacuación de la red de saneamiento (ZINF); las zonas vulnerables ante el incremento de las precipitaciones torrenciales (ZIPT); y las zonas vulnerables ante el aumento extremo de la temperatura (ZIET). Estas cinco categorías —ZINM, ZIIF, ZINF, ZIPT y ZIET— obligan a que cualquier planeamiento municipal que afecte a dichas áreas incorpore estudios de impacto derivados del cambio climático.
Más allá del marco normativo, el Plan Territorial Sectorial da un paso adicional y se consolida como una auténtica herramienta de adaptación al cambio climático. Incorpora un conjunto de medidas orientadas a reducir la vulnerabilidad del litoral y a reforzar su resiliencia a medio y largo plazo. Entre ellas, destaca la planificación para la creación y recuperación de nuevas marismas en distintos estuarios, con el objetivo de compensar parcialmente la superficie que previsiblemente se perderá como consecuencia de la subida del nivel del mar.
Asimismo, el PTS amplía los ámbitos de especial protección ambiental, incorporando más de 300 hectáreas de masas de encinar cantábrico a la categoría de “Especial Protección”, reforzando la conservación de ecosistemas clave frente a los efectos del cambio climático. En el ámbito marino, el plan impulsa la ampliación de la Red Natura 2000 mediante la incorporación de la zona marina Ulia–Jaizkibel, con una superficie aproximada de 13.000 hectáreas, como corredor ecológico marino estratégico. A todo ello se suman medidas específicas de adaptación en zonas urbanas y ya desarrolladas, como la mejora del drenaje y de la red de saneamiento, la naturalización de cauces, el incremento de superficies permeables y verdes, y la obligatoriedad de integrar estudios específicos de mitigación y adaptación en el planeamiento municipal que actúe en áreas vulnerables. En definitiva, se trata de preparar hoy el territorio para los impactos que, con un alto grado de certeza, se manifestarán en el litoral vasco en las próximas décadas.
En palabras de Itxaso, “no significa que no se pueda actuar, sino que habrá que estudiar bien cómo se actúa y qué medidas de adaptación deben incorporarse”. Además, el plan delimita nuevos suelos de especial protección y mejora ambiental, refuerza la protección paisajística de los 500 metros interiores, ordena el uso de playas y dunas según su naturaleza urbana o natural y, en lo relativo al medio marino, remite a la normativa estatal y europea.
Una de las medidas más destacadas y novedosas es la planificación orientada a la creación o recuperación de nuevas marismas. Dado que la pérdida estimada en el escenario más exigente es muy elevada, el PTS identifica áreas situadas a mayor cota en estuarios como el Barbadun, Butroe, Urdaibai, Lea, Artibai, Deba, Urola, Iñurritza u Oria, con el objetivo de que puedan convertirse en marismas funcionales en el futuro. Esta propuesta no pretende compensar totalmente las pérdidas del escenario RCP 8.5, pero sí recuperar parte de la superficie que se perdería incluso en escenarios intermedios como el RCP 4.5. “No vamos a poder recuperar todo, pero sí una parte importante, preparando el territorio para lo que pueda venir”, ha señalado el viceconsejero.
El consejero Itxaso ha destacado el valor del documento como instrumento de política pública y ha afirmado que “este plan es absolutamente imprescindible para garantizar que nuestro litoral siga siendo un espacio seguro y sostenible. No se trata solo de ordenar, sino de anticipar, proteger y actuar con visión de futuro”.
Por su parte, el consejero Mikel Jauregi ha enmarcado el PTS dentro del compromiso del Gobierno con la transición energética y el desarrollo sostenible, subrayando que se trata de “una herramienta con las necesidades de un territorio que ya está experimentando los efectos del cambio climático. Hemos trabajado juntos para que la cartografía usada en el PTS del Litoral, elaborada por URA, sea la misma que se usa en los actuales estudios de inundabilidad y que es la referencia en todos los planes hidrológicos”.
Además, en este PTS se han tomado como referencia las variables de cambio climático y los escenarios de subida del nivel del mar definidos en el proyecto Kostaegoki, estudio realizado por el departamento de Industria, Transición Energética y Sostenibilidad y “que sirve como hoja de ruta para anticiparse a los impactos del ascenso del nivel del mar y proteger los ecosistemas y actividades costeras. Establecer cotas más altas para las futuras edificaciones es anticiparse de manera prudente y eficaz a los riesgos del futuro. No podemos mirar hacia otro lado: debemos anticiparnos y adaptar nuestras normas y proyectos a esta realidad. La protección de hoy es seguridad de mañana. Este PTS nos permite anticiparnos a los riesgos y evitar errores que podrían salir caros en el futuro”, ha señalado Jauregi.
“La información que damos hoy no debe generar alarma social. Desde el Gobierno Vasco estamos ya en marcha con obras concretas para evitar las consecuencias de la subida del mar en 13 localidades costeras. Estas son actuaciones impulsadas desde la mesa KAIA, en estrecha colaboración con los ayuntamientos”, ha citado Mikel Jauregi.
Con la aprobación inicial, el PTS del Litoral abre ahora un periodo decisivo que permitirá enriquecerlo con aportaciones de administraciones locales, expertos, entidades y ciudadanía. Su aprobación definitiva marcará un antes y un después en la gestión del litoral vasco, fijando los criterios con los que Euskadi afrontará los impactos climáticos, ordenará sus ecosistemas y planificará su desarrollo urbanístico en las próximas décadas. Como ha señalado Abascal durante la presentación, “hay mucha gente esperando este documento porque es un plan novedoso, que incorpora la variable climática de verdad; y en el contexto internacional actual, apostar por esto es algo absolutamente diferencial”.
Por último, Itxaso ha reconocido que la lucha contra el cambio climático es, además, “una auténtica contrarreloj. Euskadi no puede permitirse ir despacio, porque su litoral se encuentra entre los más vulnerables del entorno atlántico europeo. Lo que nos jugamos es mucho: en términos ambientales, por la pérdida de ecosistemas clave; en términos sociales, por la seguridad de nuestros municipios y de quienes viven en ellos; y en términos económicos, por el impacto sobre actividades estratégicas vinculadas al litoral. Este plan es una respuesta a esa urgencia y una muestra de que queremos anticiparnos, no reaccionar cuando ya sea demasiado tarde”, ha concluido.






Perderíamos playas pero por la forma de Euskadi ganaríamos más metros de costa….
¡Pero si no son capaces de controlar el precio del pan o los huevos, como van a controlar el cambio climático! Y el agujero de ozono, el deshielo de los polos,…
Creo que antes cae un meteorito.