Un estudio publicado en Vitoria por Emakunde ha constatado que entre los adolescentes vascos se están transmitiendo las desigualdades hombre-mujer al ámbito digital, consolidándose así las brechas de género en las habilidades y el uso de las tecnologías, la hipersexualización de los cuerpos de la mujer en la red y el ciberacoso.
«El iceberg digital machista: análisis, prevención e intervención de las realidades machistas digitales que se reproducen entre la adolescencia en la CAE» realizado por Estíbaliz Linares ha sido presentado en rueda de prensa en Vitoria por su autora y la directora del Instituto Vasco de la Mujer, Izaskun Landaida.
Este estudio resultó ganador del VI certamen de publicaciones de trabajos de investigación que organiza Emakunde y ha contado con la participación de 778 alumnos de 4º de la ESO y de 1º de Bachiller. Todos ellos completaron un cuestionario cerrado. También se llevaron a cabo grupos de discusión en los que participaron 45 alumnos y un foro telemático con 34 participantes.
El estudio ha constatado que las redes sociales y los videojuegos «no se libran de la influencia del machismo» y que se transmiten las desigualdades de género al ámbito de los videojuegos, YouTube y las redes sociales como Instagram, espacios en los que «viven» los adolescentes de hoy en día, tal y como ha recordado Linares.
La autora ha detectado una segunda y tercera brecha digital de género. Por un lado a la hora de orientar sus carreras profesionales, con unos chicos más consumidores de videojuegos (ocho de cada diez chavales han dicho que juegan diariamente frente a dos de cada diez chicas), y más volcados y «encorsetados» en el ámbito informático y técnico, frente a ellas que dicen sentirse «menos capaces» en el aspecto técnico.
Por otro lado en cuanto al consumo que hacen de las redes sociales. Linares ha explicado que los «youtubers» son ya los «referentes» de estos adolescentes y que ha observado cómo se reproduce el sexismo en las redes, donde las chicas optan por seguir a aquellas que hablan de moda, belleza e incluso ha detectado que también empiezan a tener seguidoras «youtubers» con familia que generan contenido de «cómo ser madres».
Por otro lado los chicos consumen más videojuegos, donde ha recordado que los más vendidos son los que tienen un «alto contenido de machismo» y «violencia».
Además ha detectado una hegemonía de la imagen, vinculada con una hipersexualización de los cuerpos, que especialmente hace «daño» a las chicas, les genera inseguridad, por la «presión excesiva» que se ejerce sobre cómo deben ser.
Ha hablado del ciberacoso, una realidad que ha detectado en 8 de los 9 institutos que participaron en el estudio. El más habitual es el vinculado a la difusión de fotografías de chicas, insultos a su cuerpo, y que en estos casos se sigue culpabilizando a la mujer, incluso por otras chicas, por haberse hecho esa foto y habérsela pasado a alguien. El tener una identidad sexual diferente también es fuente de ciberacoso, ha añadido.
Linares ha indicado que los jóvenes han «normalizado los insultos» y que le ha llamado la atención que cuando se les ha preguntado a quién pedirían ayuda en caso de sufrir ciberacosos han asegurado que no acudirían a sus profesores, a quienes ven con «distancia», por lo que ha emplazado a generar otro tipo de relaciones entre alumnos y docentes.
También ha detectado oportunidades de cambio,con cada vez una mayor presencia del feminismo crítico en las redes, pero ha incidido en que son las chicas las que cuestionan más los roles y siguen a «youtubers» feministas, mientras que a ellos les cuesta más poner en duda sus «privilegios».
Ha abogado por hacer visibles otro tipo de roles más allá de los «hombre duros» que prevalecen en las imágenes que consumen y sobre todo ha dicho que cuando más se avance en coeducación más posibilidad existe de generar discursos más igualitarios.
Ha asegurado que no se puede decir que los adolescentes «estén peor que nunca» pero ha insistido en la importancia de avanzar en la alfabetización digital crítica.
Ha puesto el foco en la importancia de la familia en cuanto a «enseñar» y «acompañar» en el consumo de los contenidos con visión «crítica», saber qué «youtubers» ven los hijos y no en el «control». Ha opinado que es una «irresponsabilidad» dar un móvil a un niño de ocho años sin acompañamiento y ha asegurado que no hay que tener miedo a decirle que no. EFE











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SEGUROQ QUE POR LOS VIDEOJUEGOS