Otra vez tarde. Con miles y miles de alaveses en contra, el diputado general de Álava, Ramiro González, ha señalado ahora que la Diputación solo aprobará plantas renovables que cumplan requisitos y sean respetuosas. Superado y desbordado. La ciudadanía gana al político. ¡Victoria!
ha necesitado para reaccionar protestas, manifestaciones, cabreos ciudadanos…
La reacción que llega cuando ya no queda paciencia ciudadana
Otra vez tarde. Otra vez a remolque. Otra vez esperando a que miles de alaveses llenen las calles, levanten pancartas, firmen alegaciones, organicen plataformas y expresen su hartazgo para que, por fin, el diputado general de Álava decida aparecer con gesto solemne y promesa en mano.
Porque ahora, solo ahora, Ramiro González asegura que la Diputación “solo dará luz verde a plantas de renovables que cumplan los requisitos y respeten el entorno”. Ahora, después de años de “aluvión” de proyectos. Ahora, cuando la presión social es imposible de ignorar.
Pero la pregunta es inevitable: ¿Dónde estaba ese rigor cuando empezaron a llegar los primeros proyectos? ¿Dónde estaba esa sensibilidad cuando los pueblos empezaron a movilizarse? ¿Dónde estaba esa preocupación cuando los vecinos denunciaban impactos, saturación y falta de planificación?
La respuesta es incómoda: esperando a que la calle explotara.
Porque no ha sido una reflexión técnica. Ni un análisis estratégico. Ni una defensa del territorio. Ha sido la consecuencia directa de protestas, manifestaciones y cabreos ciudadanos. Y eso, políticamente, lo dice todo.
Ahora, preguntado por los 19 parques solares que Solaria quiere desplegar en Álava, González recuerda que la Diputación “no puede impedir que se presenten proyectos”, pero promete analizarlos “con todo el rigor”. Ese rigor que, curiosamente, aparece cuando la ciudadanía ya no traga más.
Y remata pidiendo “confianza”. Confianza ahora. ¡Ja!
La confianza no se reclama: se construye, se demuestra, se gana. Y cuando la reacción llega tarde, cuando el discurso suena a contención de daños, cuando la ciudadanía percibe que solo se actúa bajo presión, la confianza no se pide… se pierde.
Álava no necesita declaraciones tranquilizadoras a posteriori. Necesita planificación real, transparencia, anticipación y respeto por su territorio. Lo demás —por muy bien envuelto que llegue— suena a gesto defensivo, a maniobra tardía y a política de reacción, no de dirección.







Necesitamos energía nuclear, la energía verde más sostenible, barata y cuidadosa con el medio ambiente, no como los campos yermos llenos de placas solares.