Ayer un grupo de 62 militantes y cargos de Podemos de Álava hicieron público un escrito en el que sostienen que los cinco junteros que no acatan las decisiones de la dirección del partido «no representan ni a los militantes, ni a los círculos ni a nadie más que a sí mismos».
El lunes un grupo de militantes que apoyan a estos junteros comparecieron ante los medios de comunicación para darles su apoyo y denunciar la, dijeron, «purga» que la dirección del partido está haciendo en Álava contra los sectores no errejonistas.
Una semana antes, la Comisión de Coordinación de Podemos en Euskadi decidió suspender cautelarmente de todos sus cargos y militancia a los cuatro junteros díscolos (la quinta está de baja) que no respetaron la decisión de abstenerse en la votación de los presupuestos de la Diputación de Álava acordada por la dirección del partido.
En su escrito, este grupo de militantes y cargos de Podemos apoyan «firmemente» a las tres junteras de la línea oficial y acusan al otro sector de no arrimar el hombro, «defraudando a la gente que les votaron y desprestigiando públicamente a los representantes y cargos orgánicos elegidos democráticamente».
Les acusan de no acatar las decisiones votadas en las asambleas, de no asistir a las reuniones de rendición de cuentas ni de dar información ni explicaciones del trabajo realizado.
Concluyen que no se trata de una cuestión ideológica y que no van a permitir actitudes de acoso e insulto a sus compañeras en las Juntas Generales.
Se trata de otro follón más. No hay que olvidar el lío con la senadora que se ha integrado en el grupo mixto después de ser expulsada por no pagar el alquiler de la vivienda social.










