Anorexia en Vitoria: ¿Trato sanitario o carcelario? (testimonio)

Aitziber Samaniego fue diagnosticada hace 4 años de anorexia nerviosa, pero sufre la enfermedad desde hace mucho más tiempo, con solo 8 años escribía en su diario que iba a dejar de comer.

La vitoriana reclama la necesidad de una Unidad de TCA (Trastornos de Conducta Alimentaria) en la Sanidad Pública Vasca. Sus ingresos en la planta de agudos de Psiquiatría del Hospital Santiago en 2018 durante 3 meses y en marzo de este año no han servido para nada, ya que su estancia se ha basado en estar en una habitación con videovigilancia, sin poder salir y totalmente sola durante todo el día.

METODO PERRO

El funcionamiento es premio-castigo, “es el método del perro. Si cogemos peso nos premian con un libro, escribir o hablar con algún familiar y si no cogemos peso, nos castigan sin poder hacerlo. No tenemos ningún tratamiento psicológico, terapia o relación con otras chicas. Es una cárcel porque nos aíslan, nos cierran el armario y cuando alcanzamos el IMC (Índice de Masa Corporal) que ellos ven que necesitamos, nos dan el alta”.

Evidentemente, las recaídas de los pacientes son constantes por la ausencia de un tratamiento sólido durante los ingresos, “es muy frecuente que recaigamos. Dejar de comer no es más que un síntoma de heridas más profundas que tenemos, que son las que hay que tratar, sino es imposible curarse”.

REGISTROS

En su ingreso del 2022, a Aitziber le registraron la mochila, donde llevaba un desodorante, colonia, crema hidratante, champú y gel, y la auxiliar le dijo: “¿tú que te piensas, que te vienes a un spa?”

La auxiliar le quitó la crema hidratante, el desodorante y la colonia, además, después de ducharse no le dejó cambiarse de ropa interior porque no podía abrir el armario hasta que pasaran 48 horas. Cuando llegó la hora del peso, antes tenía que hacer pis en una bacinilla delante de la auxiliar y “su mirada inquisidora”, por lo que al no ser capaz, le castigaron sin poder abrir la puerta del baño hasta el turno de la tarde, “casi me meo encima. Soy una mujer plena con una enfermedad de salud mental, merezco ser tratada con respeto”.

Más tarde, cuando pasó la psiquiatra, Aitziber le preguntó si le iba a dejar un libro y su respuesta fue que ella nunca había tratado un caso de TCA postpandemia.

“La psiquiatra no entendía cómo funcionaban las cosas con nosotras, pero mis premios y mis castigos dependían de ella. Me dio un ataque de ansiedad, llamé a la auxiliar, le dije que por favor quería hablar con la psiquiatra y me contestó que esta se iba de vacaciones una semana, le contesté que si no me dejaba ningún libro me iba a volver loca, y que iba a pedir el alta voluntaria. En vez de hablar conmigo para tomar una decisión, me dijo asomada desde la puerta “aquí tienes el alta voluntaria”.

TRATO VEJATORIO

No cabe duda de la necesidad de un cambio radical en Osakidetza, cuyo trato Aitziber califica de “vejatorio e insuficiente. Nos tratan psiquiatras que no están especializados en el tema y así es imposible que nos hagan un buen tratamiento. Me sentía presa y culpable. Comía para engordar porque sabía que engordando iba a salir, pero mi cabeza sabía que cuando saliera iba a volver a restringir las comidas y perder todo el peso que había ganado.

Si no hay una terapia durante el ingreso, el tratamiento no sirve de nada”. Por lo tanto, tras 4 años desde su primer ingreso, Aitziber se dio cuenta de que nada había cambiado, “mi sensación era la de ser un pavo al que querían engordar y quitarse de encima”. Esta opinión es colectiva, ya que cuando Aitziber acude a terapia a través de la Asociación ACABE, “todas nos quejamos de lo mismo”.

IRSE FUERA DE EUSKADI

Muchas personas en la misma situación que Aitziber se han visto obligadas a viajar fuera del País Vasco para estar en manos de profesionales especializados. Por ejemplo, una chica vitoriana que sufre igualmente un TCA ingresó en Ciudad Real, ya que aquí sí hay un centro público adecuado a sus necesidades. Y otra chica de Guipúzcoa, cuyo padre recoge firmas a través de change.org, se encuentra ingresada en Albacete.

La necesidad de un buen tratamiento está obligando a multitud de personas con TCA a empadronarse en ciudades que disponen de unidades, “no hay suficientes medios. En otras ciudades hay unidades específicas. Comen todas juntas, a la mañana hay terapias, se dan un paseo y se sienten apoyadas. En cambio, un ingreso en Psiquiatría ahora mismo en Vitoria se convierte en un castigo”. Además, para más inri, Aitziber puntualiza que “Osakidetza no lo pone fácil porque no les traslada el expediente”.

4.700 EUROS EN LA PRIVADA

En Vitoria han abierto una clínica privada, pero evidentemente no todo el mundo puede permitírselo porque tiene un coste de 4.700 euros mensuales. “Teniendo 2 niños, irme fuera se me hace imposible y meterme en la privada, también. Estoy en manos de nadie”. Afortunadamente, Aitziber ha encontrado apoyo gracias a la Asociación ACABE y el psicólogo de la misma, pero existen limitaciones ya que carece de un comedor terapéutico y hay gran cantidad de casos. Antes se citaba con él una vez por semana y actualmente una vez al mes.

Aitziber reclama que “ni una persona más de Euskal Herria tenga que ir mendigando a otras provincias y que nadie más tenga que hipotecarse para ingresar en una Unidad privada. Somos miles de afectados. Las cifras asustan, no nos dejéis olvidados, porque las consecuencias son mortales”, y anima a “echar un vistazo al porcentaje de muertes por suicidios que causa esta enfermedad”.

Aitziber no se queda de brazos cruzados. Se ha reunido con la parlamentaria del Partido Popular, Laura Garrido, y está pendiente de reunirse con la parlamentaria de Bilbu, María Garde.

Para Aitziber prestar su voz para contar algo tan íntimo y desgarrador no es una tarea sencilla, “abrirme en canal públicamente como nunca antes lo había hecho no es fácil, pero estoy harta, necesito alzar la voz y que las cosas cambien”.


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10 Comentarios

  1. Cada vez queda mas claro que hay una buena parte de osakidetza cubierta por personas sin profesionalidad alguna, que se han sacado la plaza, y se dedican ahora a parasitar el sistema, mientras demuestran una falta absoluta de saber hacer, por no decir palabras mas gruesas.

    Y pagaran justos por pecadores, pero dado que no hay critica interior, habra que lanzarles algun recado. O que, o nos callamos y que todo siga a peor.

    • La psiquiatría de Santiago ( muy premiada antaño por sus estudios de investigación ) deja bastante que desear en cuanto a competencia de sus facultativos.
      En cuanto a ti , que has estado dos años dando la chapa con los ciclos de PCRs , no se si eres el mas adecuado para reclamar a nuestro sistema sanitario.
      Un saludo

  2. Yo pensaba k esto abría cambiado pero 25 años después siguen igual las cosas…k puta vergüenza y para otras cosas si k lo regalan…ánimo guapa de todo se sale aunke tenga k ser con esta mierda de ayuda..

  3. Desde siempre el servicio de psiquiatría de antes y ahora en zabalgana una m….
    Nos tratan como animales la profesionalidad se les supone y [email protected] por el partido.les cuentas y por un oído les entra y por otro les sale

  4. De acuerdo con Novamas, especialistas que nada que ver con lo que aquí fue alguna vez, nacionalistas hasta la médula, pero nada más.

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