Por Roberto Cubero (EFE).- Álava quiere lograr para el 2030 una Denominación de Origen para su patata de siembra, un cultivo histórico en el territorio que ha perdido terreno en las últimas décadas, pero que se busca revitalizar porque es rentable y tiene mucho mercado.
Para aumentar y mejorar este cultivo, con la meta de lograr una Denominación, el Gobierno vasco ha lanzado un plan en el que invertirá 9 millones de euros hasta el 2030, ha indicado a EFE la consejera de Agricultura, Amaia Barredo.
La patata de consumo no vale para semilla. Como simiente se utiliza la patata de siembra, que se vende a los productores de patata de consumo.
En Álava la producción de este tubérculo ha sido tradicional, tanto de siembra como de consumo, pero en las últimas décadas la superficie ha bajado, pasando de las 5.000 hectáreas que había en los años ochenta a 1.100 ahora, de las cuales 450 son de siembra y el resto de consumo.
El motivo, la competencia de patatas de siembra llegadas de Francia, Holanda y Alemania, que se han hecho con el mercado.
El plan tiene como objetivo revertir la situación, incrementando las hectáreas cultivadas para subir la producción local de patata de siembra de 5.000 a más de 8.000 toneladas.
«Es un cultivo que es rentable, aunque, como todos, tiene dientes de sierra, pero su consumo está creciendo a nivel mundial. Además, en siembra hay una demanda muy alta porque las zonas de Centroeuropa están agotadas y hay que buscar nuevas zonas. Álava históricamente ha sido patatera, y el agricultor sabe cultivarla», ha explicado la consejera.
El reto de usar semilla local
A partir de esta experiencia, los retos son usar solo semilla local, alavesa, en vez de comprarla fuera, introducir maquinaria y formar a los agricultores en mejores técnicas de cultivo.
Así, se van a cultivar semillas de variedades locales en la «finca faro» de Iturrieta -a casi mil metros de altura-. Con estas semillas se busca conjugar calidad, baja virosis (resistencia alta de la patata a los virus) y apenas usar productos fitosanitarios.
Y es que uno de los problemas para los productores son los pulgones, contra los que está prohibido usar neo nicotinoides (insecticidas) en la UE, ya que afectan a las abejas. En su lugar se usan técnicas como bacterias o aceites, o fauna como las mariquitas, que se alimentan de los pulgones.
En esta granja los agricultores aprenderán estas nuevas técnicas de producción, para llevarlas a sus propias fincas y que las cultiven allí, con el apoyo del instituto Neiker.
Otra de las mejoras será la introducción de cosechadoras modernas, que evitan la contratación de temporeros y que incluso realizan una primera selección. El sector está interesado: el Gobierno Vasco ya ha recibido solicitudes de ayudas por 5 millones para la modernización de maquinaria e instalaciones.
Para el 2030, la idea es casi doblar la producción actual, «que no creo que sea difícil», ha comentado la consejera. El sector agrupa ahora a unos 125 productores, y hay otros 17 agricultores que han mostrado interés en producir la nueva patata y aumentar la superficie.
Más producción y calidad redundará en más rentabilidad para toda la cadena, ya que Álava también tiene una industria transformadora del tubérculo, que lo vende a multinacionales para bolsas de patata o preparada a restaurantes.
Si los planes se cumplen, la patata de siembra alavesa aspirará a la denominación de origen. Es el sector el que tiene que organizarse y pedirla, ya que son figuras de carácter privado, y el Gobierno Vasco y luego el Ministerio informarían y tramitarían la solicitud ante la Unión Europea, que es la que hoy en día las regula.
En España ya hay otras zonas de patatas con Denominación de Origen – las papas antiguas de Canarias-, y con Indicación Geográfica Protegida (IGP), las de Galicia y Prades (Tarragona), aunque las tres son de consumo. Si los planes se cumplen, en un lustro podría haber otra, la patata de siembra alavesa. EFE








