Hoy ha resurgido una especie muy curiosa en el ecosistema baskonista. Tan curiosa que merece estudio propio. Si el club no cuenta nada, protesta porque no cuenta nada. Si el club explica lo que hace, protesta porque lo ha explicado. Y si le regalan un jamón por Navidad, probablemente proteste porque no viene cortado.
Hoy el club ha realizado un ejercicio loable de transparencia: Llegarán los fichajes ¡Baskonia pelea por tierra, mar y aire!
Hoy hemos asistido a un ejercicio poco habitual en el deporte profesional. Juan Pedro Cazorla ha explicado con transparencia las enormes dificultades que encuentra Baskonia en el actual mercado. Un mercado radicalmente distinto al de hace unos años. Ya no compites solo con la Euroliga o la ACB. Ahora aparecen la NBA, el baloncesto universitario americano, los proyectos millonarios de China, las ofertas de Japón y clubes europeos con mayores recursos económicos.
La realidad es la que es. Baskonia ha intentado numerosos movimientos, ha trabajado alternativas y ha transmitido un mensaje claro: habrá fichajes. Pero llegarán cuando ofrezcan garantías deportivas y económicas. Parece una postura bastante razonable para cualquier club que quiera construir algo serio.
LAS DOS CORRIENTES
Tras las explicaciones han aparecido dos corrientes. Los aficionados que agradecen conocer cómo funciona realmente el club y los que consideran que era mejor no explicarlo. Los que valoran la transparencia y los que encuentran motivos para el enfado incluso cuando reciben información que llevaban semanas reclamando.
Y ahí aparece el baskonista protestón. Ese aficionado que vive instalado en la indignación permanente. Da igual lo que ocurra. Su posición siempre será la misma.
- Si se comunica, mal. Si no se comunica, peor.
- Si se ficha, insuficiente. Si se espera, incompetencia.
- Si se apuesta por jóvenes, riesgo. Si se trae experiencia, falta de proyecto.
Es una pena, porque la crítica constructiva ayuda a crecer. La exigencia forma parte del ADN de Baskonia. Pero convertir la queja en un estado permanente acaba siendo un viaje sin destino.
Mientras tanto, el mercado seguirá moviéndose. Baskonia seguirá trabajando. Y los fichajes llegarán. Y cuando lleguen, seguramente habrá quien proteste porque no llegaron el día anterior. Es lo que tenemos.
CONCLUSIÓN: Y quizá lo más sorprendente no sea que haya división de opiniones. Eso es normal en cualquier afición exigente. Lo verdaderamente llamativo es la existencia de un baskonista que parece sentirse más cómodo con la oscuridad que con la información.
Hoy Baskonia ha abierto una ventana para mostrar cómo funciona un mercado cada vez más complicado. A algunos les servirá para entender mejor la realidad del club. Otros seguirán instalados en la protesta permanente. Es legítimo. Pero resulta curioso que, en tiempos donde tanto se exige claridad, haya quien parezca defender la ocultación.










