Llega la portada de febrero de 2026. Y con ella el tradicional Anuario donde casi cuarenta líderes empresariales de Álava ofrecen sus reflexiones sobre la marcha de sus sectores y de la economía en general.
Son optimistas.
Y como siempre el resto de secciones.
PUBLICAMOS LA EDITORIAL DE LA REVISTA DE ESTE MES
Vitoria y Álava arrancan 2026 con ánimo y confianza
Preguntamos a los líderes de la economía vitoriana y alavesa por su predicción para 2026. Hay cifras que pasan desapercibidas porque no gritan. Pero dicen mucho más que cualquier discurso. Al cierre de 2025, mientras la confianza empresarial en el conjunto del Estado caía un 1,3 %, en Euskadi subía un 0,3 %. Un dato pequeño en apariencia, pero enorme en significado: cuando otros frenan, aquí el ánimo se acelera.
Y ese matiz —ese gesto casi silencioso de resistencia económica— se nota especialmente en Vitoria y Álava. Las empresas no están para fuegos artificiales: están para leer el terreno. Y lo que están leyendo ahora es un 2026 que no arranca con miedo, sino con determinación.
Porque el ánimo empresarial no se improvisa. No surge de una campaña institucional ni de un eslogan. Nace de algo más profundo: estabilidad, tejido productivo sólido, capacidad de adaptación y una cultura empresarial que, cuando toca remar, rema.
La incertidumbre a veces se traduce en freno, aquí se traduce en oportunidad. Aquí se habla de proyectos, inversiones, empleo y expectativas realistas pero positivas.
Álava no presume. Álava trabaja. Y esa es, precisamente, la diferencia. Y son los emprendedores los que crean empleo. Que no te confundan los políticos cuando se ponen medallas ante buenos datos o se escaquean cuando son malos.
2026 se abre con un clima que no es euforia, pero sí confianza madura. Una confianza que no ignora los riesgos, pero tampoco se deja paralizar por ellos. Una confianza que se construye desde la base: desde las pymes, desde la industria, desde los servicios, desde quienes cada día levantan la persiana.
En un país donde la palabra “optimismo” suele sonar a ingenuidad, Vitoria y Álava la pronuncian con naturalidad. No porque todo vaya bien, sino porque se está haciendo lo necesario para que vaya mejor.
Quizá este sea el verdadero titular del año que empieza: cuando muchos dudan, aquí se confía.
La confianza no se reclama: se construye. Que 2026 no llega como un salto al vacío, sino como una oportunidad que este territorio piensa aprovechar. Vitoria y Álava encaran el nuevo año con algo que no se compra ni se improvisa: Convicción. Y cuando un territorio cree en sí mismo, el resto acaba siguiéndole el paso.









Admiro su optimismo. Nos estamos cargando la producción y el prestigio con el ausentismo laboral, y lo peor es que los que no somos vagos nos estamos empezando a sentir unos pringaos.