Juicio Vitoria:

EFE).- El hombre que confesó haber matado a su mujer tras asestarle tres cuchilladas en Vitoria en 2015 ha sido condenado a diecisiete años y medio de cárcel tras ser hallado culpable de asesinato con alevosía.

El reo, que al igual que la víctima es de nacionalidad rumana, fue juzgado la semana pasada por un jurado popular que le declaró culpable de asesinato con la agravante de parentesco y la atenuante de confesión.

En la sentencia del caso, dictada hoy, la Audiencia Provincial de Álava condena al hombre, que en el momento de los hechos tenía 34 años, a diecisiete años y medio de cárcel y a indemnizar con 200.000 euros a cada uno de sus tres hijos y con 100.000 a los padres de su mujer, en total 700.000 euros.

La jueza le retira además la patria potestad de los menores y le prohíbe acercarse a los familiares de su esposa durante los próximos 28 años y medio.

Los hechos ocurrieron en la tarde del 2 de abril de 2015 cuando el acusado asestó dos cuchilladas en el cuello y otra mortal en el pecho a su esposa, de 29 años, en el domicilio familiar por la decisión de ella de divorciarse y en presencia de los tres niños, de 2, 8 y 10 años.

La sentencia concluye que el ataque tuvo lugar «de forma inesperada» cuando la mujer «estaba sentada en el sofá y sin más presencia que los hijos menores de edad, por lo que no tuvo posibilidad de defenderse».

También se considera probado que la víctima intentó pedir auxilio por la ventana de la vivienda pero el hombre «la tiró al suelo para impedir que se acerca a dicha ventana y arrodillándose encima de ella le puso una toalla en la cabeza y un cojín en la cara para evitar que los vecinos pudieran oír sus gritos».

Tras cometer el crimen, el hombre, que había llegado tres días antes de Rumanía, donde había estado en prisión, se dirigió a una patrulla de la Ertzaintza y confesó que había matado a su mujer.

La pena prevista para un asesinato con alevosía oscila entre los quince y los veinte años de prisión. A la hora de sentenciar al hombre a diecisiete años y medio la jueza ha tenido en cuenta las circunstancias del crimen: la indefensión de la mujer y la presencia en la casa de los hijos, que fueron «conscientes de todo lo sucedido» y «van a tener secuelas toda su vida».

El asesino además ha mostrado «poca empatía con la víctima, ya que no ha dejado de justificar su actuación» durante el juicio a pesar de haber reconocido el crimen.

La jueza concluye por ello que la atenuante de confesión «no es de bastante entidad como para compensar el reproche de los anteriores datos expuestos y la agravante de parentesco».

Se retira además al asesino la patria potestad de sus hijos dado el «desprecio que de las obligaciones inherentes a esta función supone matar a la madres de los niños en su presencia y dejarles huérfanos de esa manera».

En cuanto a las indemnizaciones, la magistrada reconoce que «no hay modo de medir en términos pecuniarios el dolor moral y los perjuicios por la pérdida de una madre e hija», pero fija en 200.000 euros la compensación a cada niño por su «orfandad, corta edad, y el hecho de que tuvieron un cambio radical en su vida».

En este sentido la jueza recuerda que tras la muerte de su madre los menores tuvieron que abandonar España para vivir con los abuelos maternos en Rumanía «interrumpiendo de forma abrupta su escolarización, entorno social e incluso tratamientos a los que estaban siendo sometidos».

Concluye por ello que la cantidad de 200.000 euros de indemnización «no llegará nunca a suplir el cariño y cuidado que pudieran haber recibido de su madre a lo largo de la vida».

En el caso de los padres de la mujer asesinada -con sendas compensaciones de 50.000 euros- el fallo reconoce que «no solo han perdido una hija, sino también la relación y el trato con ella» y además «han tenido que hacerse cargo del cuidado de tres nietos».

En este proceso, además de la Fiscalía, también se habían personado la Asociación Clara Campoamor, la Abogacía del Estado, el Consejo del Menor, en representación de los menores cuya tutela había adoptado la Diputación foral, y los padres de la víctima.



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