Si el cerebro recibe información alarmista, funciona como un sistema catastrofista, represivo, hiperprotector e hipervigilante», según el neurólogo vasco Arturo Goicoechea, que aboga por aplicar soluciones «biológicas» contra el dolor crónico, el que no refleja ninguna condición patológica.

Creador de la sección de neurología del hospital Santiago de Vitoria, Goicoechea acaba de publicar «El dolor crónico no es para siempre. Las claves para entender y librarse del dolor» (Peguinlibros) con el objetivo de los «padecientes», como denomina a quienes lo sufren, puedan «comprenderlo y afrontarlo de la manera más adaptativa y útil».

«Hay dolores explicados y justificados […] El bendito dolor protege el proceso de recuperación y desaparece cuando este se ha completado», explica el neurólogo, pero insiste en que «en ausencia de esa condición patológica, el dolor no tienen explicación ni justificación», y rechaza que tenga que ser «una condena a cadena perpetua», pues tiene una solución «bio».

En una entrevista con EFE, Goicoechea señala que es difícil saber el porcentaje de la población con problemas de dolor crónico porque «lamentablemente está normalizado», aunque indica que puede afectar a un 20 %.

Reconoce «el despiste» que reina entre los profesionales con el dolor crónico no oncológico o asociado a otros procesos de destrucción de tejidos, ya que, aunque se admite la necesidad de hacer un cambio en el abordaje, «se recurre a más de lo mismo, pero con más complicación».

Se refiere el neurólogo a los abordajes multidisciplinares: ya no solo se visita al médico que te receta los fármacos, sino también al psicólogo, pero «no se hace un cambio conceptual biológico en profundidad sobre cómo se produce el dolor, dónde se produce y por qué».

A su juicio, lo que los profesionales «predican y aconsejan» a los pacientes no se ajusta a lo que se conoce sobre el dolor y su construcción, ya que «no es una cuestión de fármacos ni de maniobras manuales», sino de «aprendizaje y de atribución de peligro» por parte del sistema nervioso a cosas irrelevantes.

«El organismo tiene capacidad de sobra para adaptar los tejidos a las cargas, tanto físicas como psicológicas, que aparecen a lo largo de la vida», insiste Goicoechea, al lamentar que «se le quita esa capacidad y se promociona una medicalización excesiva».

Su curiosidad por abordar el dolor crónico se le despertó tras una operación de columna, cuando cayó en sus manos un artículo que desaconsejaba el reposo con problemas de espalda.

«Entonces empecé a moverme, a leer sobre inflamación, sobre lesión, sobre columna y fui descubriendo cosas que ya se estaban diciendo, pero fuera del ámbito de la medicina», explica, y revela que esos otros ámbitos se centraban en «la biología o la investigación básica sobre células o tejidos».

Posteriormente aplicó este modelo del «error evaluativo» del sistema nervioso con la migraña en el hospital de Vitoria, con «resultados excelentes», que hicieron hasta desaparecer el consumo de fármacos a los «padecientes».

Un método que secundaron en Valladolid, «con el apoyo institucional», por lo que lograron crear «una unidad de afrontamiento activo en el dolor crónico», también con grandes resultados, que propició que se extendiera «la educación como una herramienta terapeútica a otros lugares de España», señala el doctor con satisfacción. EFE



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