La mañana ha sido intensa en la Plaza de España este sábado. En cuanto ha trascendido que los cuatro concejales socialistas rompían su pacto con el PNV de Gorka Urtaran el espectáculo ha comenzado. Un guión al más puro estilo de BERLANGA.

Los periodistas se arremolinaban alrededor de cualquier político o asesor que se asomara por la plaza para intentar obtener infructuosamente alguna declaración. Mientras tanto, iban llegando partidarios de Javier Maroto que aprovechaban el barullo para increpar a los que no tenían pinta de ser del PP.

El hombre del momento era Oskar Fernández de Irabazi. Todo el mundo quería saber si iba a votar o no a Urtaran. Cuando por fin ha aparecido, el más rápido ha sido un asesor de EH Bildu que se lo ha llevado corriendo a la puerta de uno de los bares para cruzar con él algunas palabras. Enseguida los medios lo han localizado ante la confusión de los muchos periodistas que no eran de Vitoria y no tenían muy claro porqué estaba despertando tanto interés este jóven. “¿Este quién es?” se oía decir a más de uno.

A todo esto, cada vez era mayor el número de personas que se concentraba en la plaza, bien por vocación política, bien porque tenían boda a las 13:30. Dos bonitos coches de época, engalanados para recoger a los novios, presidían la Plaza haciendo el escenario todavía más surrealista.

La incertidumbre de última hora hacía que los móviles echaran humo, twitter ardía y muchos corresponsales llamaban a sus sedes para intentar explicar lo que estaba pasando en Vitoria. Por las caras que ponían parece que sus jefes no les terminaban de entender.

La confluencia de los gritos de partidarios y detractores de Maroto llegaba hasta el interior del Ayuntamiento. Incluso cuando la lluvia ha despejado la plaza y los cánticos han continuado desde los soportales. Todo este barullo ha coincidido con los intentos de organizar un pasillo de dantzaris para la feliz pareja. Un momento que los recién casados seguramente no olvidarán. Una jornada entretenida, de carreras, corrillos y sustos, pero no precisamente de “alta” política.

Y hubiera tenido hasta gracia, si no es por los insultos, faltas de respeto, amenazas y algún encontronazo. La Policía antidisturbios puso «paz» sin intervenir. Y la lluvia ayudó a que los manifestantes de uno y otro lado se disolverá hacia las calles adyacentes y los soportales. Vergonzoso.



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