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Oihana Goiriena, esposa del periodista Pablo González, encarcelado en Polonia tras ser acusado de espionaje para Rusia, ha considerado «escandaloso» que no le permitan comunicarse con él vía telefónica o presencialmente y ha reprochado al Gobierno español que no le dé ninguna explicación sobre la situación de su marido.

La mujer de Pablo González y su abogado, Gonzalo Boye, han comparecido en la comisión de Asuntos Europeos y Acción Exterior del Parlamento Vasco para exponer, a solicitud de Elkarrekin Podemos-IU, la información de la que disponen sobre la situación del periodista.

El reportero independiente, que tiene la doble nacionalidad española y rusa, fue detenido el 28 de febrero en la ciudad polaca de Przemysl, fronteriza con Ucrania, acusado de ser un agente de la dirección de Inteligencia de las Fuerzas armadas rusas.

Vive en Gernika (Bizkaia) junto con su mujer y sus tres hijos y se encontraba en Polonia cubriendo informativamente la crisis de refugiados tras el estallido de la guerra en Ucrania.

El 25 de mayo el tribunal regional de Przemysl accedió a la solicitud de la Fiscalía y acordó prorrogar el arresto temporal por otros 3 meses, una decisión que recurrió su abogado.

Ohiana Goiriena ha relatado que desde su detención únicamente ha recibido dos cartas de su marido que le llegaron dos meses más tarde y ha explicado que pese a que ha intentado gestionar una comunicación directa a través de teléfono o directamente, ha señalado que no ha recibido el permiso para ello.

El periodista únicamente se ha comunicado con el cónsul de España y con su abogado polaco porque está en un módulo de máxima seguridad, ha recordado.

«Es una situación absurda», ha manifestado la mujer tras denunciar la vulneración de su derecho a la comunicación sobre todo con sus tres hijos.

Ha asegurado que, según la información que le ha trasladado el cónsul, a quien le ha agradecido sus gestiones, Pablo González se encuentra bien de salud a pesar de haber perdido 20 kilos, hace deporte, escribe y está «optimista» y, aunque es consciente de que puede estar dos años esperando un juicio, lo afronta «con energía».

Goiriena ha señalado que reconoce que la labor diplomática debe ser discreta pero ha criticado que el Gobierno español no tenga comunicación directa con ella para darle explicaciones de la situación de su marido y ha exigido poder visitarle o hablar por teléfono y que se ponga cuanto antes una fecha para el juicio.

Por su parte, Gonzalo Boye, en una breve intervención en la Cámara vasca, ha vuelto a denunciar que la situación en la que se encuentra González no tiene las debidas garantías propias de la Unión Europa y también ha lamentado la «falta de interés» del Gobierno español para garantizar sus derechos y que tenga un juicio justo. «Es una situación tremendamente anómala», ha insistido. EFE



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