Entrar en la Barnahus, casa de la infancia, de Naestved en Dinamarca es hacerlo en un espacio de color, con carteles de animales en sus pasillos, juguetes y peluches, pero detrás se esconde algo más duro, es el lugar donde se escuchan los testimonios de los menores víctimas de abusos de naturaleza sexual y se les da atención terapéutica.

La delegación vasca encabezada por la consejera de Igualdad, Justicia y Asuntos Sociales, Beatriz Artolazabal, ha visitado en esta ciudad danesa una de las cinco Barnahus que existen en Dinamarca con el objetivo de conocer sobre el terreno cómo funcionan estos lugares para trasladar el modelo a Euskadi ya que se está trabajando en el acondicionamiento de la primera casa de la infancia en Vitoria.

Un edificio gris de una planta con muchas ventanas es lo que se ve desde el exterior. Al cruzar la puerta principal el color es el protagonista. La Barnahus se divide en dos pasillos largos con múltiples habitaciones a los lados: el pasillo policial y el terapeútico, según ha explicado a la delegación vasca, Trine Berger, directora operativa de esta casa de la infancia.

En el pasillo policial hay cuatro habitaciones, dos de ellas dedicadas a las entrevistas con los menores y otras dos de monitoreo, donde una decena de personas entre fiscales, abogados, equipo psicosocial, entre otros, sigue por circuito cerrado de vídeo la declaración del menor que en el caso danés está en manos de un policía con experiencia en este tipo de delitos.

El objetivo es que esta declaración que se graba sirva para poder presentarse en el proceso judicial que se pueda abrir. Se trata de evitar que el menor tenga que relatar lo vivido en diferentes lugares y darle un entorno amable y seguro.

En una de las habitaciones donde se recogen los testimonios de estas víctimas hay unos osos de peluche para que los más pequeños puedan explicar dónde se les ha infligido el daño, en la otra hay colgados dibujos infantiles en sus paredes. Los padres esperan en otras salas donde también les atiende un psicólogo. Todas ellas están insonorizadas.

También hay una cocina con armarios amarillos donde se ofrece galletas y bebidas a los menores tras la declaración o en las pausas que se hagan.

En el pasillo terapéutico o de tratamiento hay ocho habitaciones, dos grandes que sirven para los encuentros entre los menores y el equipo de sicólogos que trabaja en este centro, y otras cuatro pequeñas para las entrevistas con los padres.

Aquí predominan los juguetes, desde una cocinita hasta puzzles, pasando por cajas de arena. En la Barnahus también hay un espacio para que los menores sean vistos por enfermeras y un pediatra acude una vez por semana. En este momento las salas no están dividida por edades pero la idea es que en futuro sí lo estén tal y como ha explicado Berger, una idea que han recogido de un viaje a Noruega para conocer otra Barnahus.

Durante la visita los diferentes miembros de la delegación vasca, en la que hay representantes de la judicatura, fiscalía, servicios de atención a la infancia del Gobierno Vasco, miembros de la Ertzaintza y de Osakidetza, entre otros, han podido hacer preguntas concretas sobre el funcionamiento de este espacio.

Este equipo trabaja desde hace meses para poner en marcha en Vitoria la primera Barnahus de Euskadi con la que esta comunidad se situará entre las sociedades más avanzadas en Europa en la gestión, prevención y tratamiento de este tipo de delitos contra los menores, tal y como ha indicado la consejera Artolazabal.

«La visita ha merecido la pena. También nos hemos dado cuenta de que Euskadi viene haciendo cosas importantes estos años atrás y lo que pretendemos es ser más eficientes», ha añadido la consejera.

Artolazabal ha dicho que es necesario adaptar a la realidad vasca lo visto hoy. Se trata de «una fórmula que es de éxito pero que tiene que ser adaptada. No podemos cortar y pegar», ha resumido.

Esta mañana la delegación vasca ha mantenido encuentros con diferentes representantes daneses y mañana continuarán con más reuniones, en concreto con policías y fiscales que intervienen en el proceso para completar su visión de cómo funciona una Barnahus danesa, un modelo que nació en Islandia en 1998. EFE



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