El ejercicio físico aumenta los niveles de determinadas proteínas conocidas por fortalecer la comunicación entre las células cerebrales a través de las sinapsis, lo que podría ser un factor clave para evitar las demencias.

Esta es una de las conclusiones de una investigación sobre las bases biológicas del efecto beneficioso del ejercicio físico en el envejecimiento para la prevención y el tratamiento del alzheimer.

El estudio ha sido publicado en el último número de la revista «Alzheimer’s & Dementia» y en él participan investigadores del Departamento de Farmacología de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y del Centro de Investigación Biomédica en Red (Ciber) de Salud Mental.

En el trabajo se recuerda que con el objetivo de fomentar un envejecimiento cerebral sano durante la tercera edad se suele recomendar llevar una dieta equilibrada, potenciar las actividades cognitivas rutinarias y, especialmente, dedicar más tiempo al ejercicio físico.

El fundamento de esa recomendación se basa en observaciones epidemiológicas que sostienen que la actividad física se asocia con una menor incidencia de la enfermedad de alzheimer y otras demencias, ya que se estima que el sedentarismo podría ser el origen de más de cuatro millones de casos de demencia anualmente.

Alfredo Ramos-Miguel, uno de los investigadores del proyecto, explica en el artículo publicado en la citada revista que diversos ensayos clínicos en los que se han incluido el ejercicio físico moderado como terapia han demostrado un efecto positivo «tanto en la cognición como en el grosor cortical».

Los estudios preclínicos en modelos animales han sugerido que el ejercicio físico podría potenciar las habilidades cognitivas mediante un aumento de la sinaptogénesis, es decir, la generación de nuevas conexiones neuronales.

Sin embargo, como indica el investigador, «la dificultad para realizar estudios moleculares en cerebro humano limita las posibilidades de hallar los mecanismos biológicos que median los efectos beneficiosos del ejercicio físico sobre la salud mental y cognitiva durante el envejecimiento».

Para establecer las bases anatómico-patológicas y moleculares del declive cognitivo y psicomotor, el Proyecto Memoria y Envejecimiento del Rush Alzheimer’s Disease Center, en Chicago, lidera desde 1997 un estudio con voluntarios que se prestan a realizar periódicamente evaluaciones cognitivas y psicomotrices, y a ceder sus órganos tras su defunción.

El diseño de ese estudio permite relacionar directamente los hábitos cotidianos y estados de salud con alteraciones estructurales y funcionales en los cerebros de los participantes.

En la última publicación de ese proyecto, según ha informado este jueves la UPV/EHU, se presentan resultados en 404 individuos cuya actividad física fue monitorizada durante una media de 3 años y medio.

Tras su defunción, se recogieron muestras de hasta doce áreas cerebrales esenciales para las habilidades cognitivas y psicomotrices, en las que se realizaron análisis cuantitativos y funcionales de ocho proteínas sinápticas, así como una evaluación histopatológica completa, que examina diez neuropatologías asociadas al envejecimiento.

Los resultados obtenidos confirmaron que mayores tasas de actividad física diaria se asocian, de manera global, con un enriquecimiento en la cantidad y funcionalidad de todas las proteínas sinápticas analizadas.

También se ha constatado que los efectos beneficiosos del ejercicio físico son tremendamente volátiles, ya que aquellos participantes con elevada rutina física durante etapas tempranas y que dejaron ese hábito en los últimos dos años de vida, presentaban densidades sinápticas similares a las observadas en participantes más sedentarios.

En definitiva, «este estudio pone de manifiesto, por primera vez en humanos, que ejercitarse físicamente, incluso en edades avanzadas, contribuye bien a promover procesos de sinaptogénesis o bien a incrementar la resiliencia sináptica frente a los efectos deletéreos de las lesiones neuropatológicas», afirma Ramos-Miguel.

Es por ello que los sistemas de salud públicos deberían redoblar esfuerzos en promover estrategias preventivas y terapéuticas orientadas a reducir el sedentarismo entre la población en la tercera edad, como indica el estudio. EFE



1 Comentario

  1. Pues que se lo cuenten a los bicicleteros y patineteros. Se hace bastante más ejercicio caminando dos quilómetros a pie, que en bicicleta. Más estos son eléctricos.

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