Refugiados

Foto ajena a la información. CEAR-Euskadi ha pedido a las instituciones vascas que en los planes de recuperación para hacer frente a la crisis del coronavirus se atiendan las necesidades de las personas refugiadas, cuya llegada a Euskadi se triplicó el año pasado.

Ante el 20 de junio, Día Mundial de las Personas Refugiadas, CEAR-Euskadi ha presentado en Bilbao su informe anual con los datos de asilo en Euskadi, con hincapié en cómo les afecta la crisis del coronavirus.

En Euskadi, según datos del Ministerio de Interior, 4.826 personas solicitaron asilo el año pasado; 3.395 de ellas en Bizkaia, 891 en Alava y 540 en Gipuzkoa. Se triplica la cifra respecto al 2018, año en el que se registraron en 1.595 solicitudes.

Del total de las peticiones de asilo presentadas en 2019, CEAR-Euskadi acompañó casi la mitad (2.328) y las principales nacionalidades solicitantes fueron Venezuela, Nicaragua, Colombia y Honduras, por ese orden.

La tendencia se mantiene en 2020. A pesar de que, como consecuencia de la COVID, se han cerrado las fronteras y los trámites de asilo se detuvieron durante el confinamiento, durante los primeros cinco meses del año se han registrado 1.124 solicitudes de asilo en Euskadi: 688 en Bizkaia, 298 en Alava y 138 en Gipuzkoa.

También se mantiene el perfil de las principales nacionalidades solicitantes, la mayoría procedentes de Latinoamérica y jóvenes, con edades comprendidas entre los 18 y los 35 años.

Patricia Bárcena, directora de CEAR-Euskadi, ha explicado que las personas que con anterioridad a la emergencia sanitaria se encontraban en una situación de vulnerabilidad padecen de forma especial la crisis. Como el resto, no son inmunes al virus. Pero, además, la precariedad, que antes ya estaba instalada en sus vidas, se ve acentuada estos días».

Bárcena considera que las elecciones del 12 de julio son una oportunidad para que el Parlamento y el Gobierno Vasco que se conformen «adopten medidas que garanticen los derechos de las personas migrantes, apátridas y refugiadas que viven en Euskadi. También para que en los futuros planes económicos y sociales para hacer frente a la crisis se atiendan las necesidades específicas de este colectivo».

Algunas de las propuestas que hace CEAR son garantizar que todas las personas solicitantes de asilo que llegan a Euskadi puedan acceder a los derechos, servicios y recursos públicos, con independencia de su origen y la vía de entrada que hayan tenido, e instar al Gobierno español para que ponga en marcha medidas de regularización extraordinaria.

CEAR ha explicado que, como durante el confinamiento se paralizó casi totalmente la actividad administrativa, muchas personas vieron prorrogadas su estancia en las plazas de acogida que gestiona la organización, pero en el momento en que las notificaciones de los expedientes de asilo se han reactivado, «las personas afectadas tienen 15 días para salir de los dispositivos de acogida y del programa estatal de asilo, por lo que, de la noche a la mañana, se quedan en una situación de extrema vulnerabilidad».

Además, muchos solicitantes de asilo que se encontraban trabajando cuando comenzó el estado de alarma han perdido sus empleos, sobre todo en el ámbito de servicios y cuidados.

Uno de los afectados ha contado su caso: Gael Isaad (20 años, Costa de Marfil), que huyó de un país en conflicto siendo niño y durante 10 años recorrió 12 países africanos hasta poder alcanzar Europa por mar.

Aquí ha creado una nueva vida. Está estudiando para sacarse el graduado escolar, ha aprendido castellano y está estudiando hostelería. Ha jugado a fútbol en diferentes equipos y por fin, se siente tranquilo.

Justo antes del confinamiento, le denegaron el asilo y, por tanto, el acceso al programa estatal de acogida. «Es algo muy difícil. Ahora tengo que volver otra vez a empezar de cero. No quiero que me devuelvan a mi país, durante estos 10 años he intentado olvidar todo lo malo y empezar de nuevo. ¿Y ahora qué quieren que haga?», pregunta Gael.

«Lo que no me pueden quitar son mis sueños: Trabajar, el fútbol, tener una familia y algún día crear una asociación para personas que están en la calle con situaciones similares a las que yo he vivido». EFE

La Iglesia llama a las instituciones a «acoger a quien huye de persecuciones»

El obispo de Vitoria y encargado del área de Migrantes de la Conferencia Episcopal, Juan Carlos Elizalde, ha apelado a las instituciones a “acoger a quien huye de guerras, persecuciones y muerte” y ha asegurado que un refugiado «no debe ser devuelto a un país donde se enfrenta a graves amenazas a su vida o libertad».

Elizalde ha escrito una carta abierta dirigida a la sociedad con motivo de la celebración este sábado del Día Mundial del Refugiado en la que recuerda que la Iglesia católica trabaja por un «mundo fraterno» y «mira al refugiado» y ha agradecido la «gran labor» que muchas personas, comunidades y parroquias hacen en favor de migrantes y refugiados.

Les ha emplazado a seguir en esa dirección y a tener «más presente que nunca» a los más vulnerables, especialmente ahora con la pandemia del coronavirus, para «no dejar a nadie atrás».

«Si nosotros hemos pasado miedo por la pandemia en la que estamos, y nos sentimos amenazados, los refugiados están ya sufriendo condena», ha afirmado Elizalde.

Haciéndose eco de las palabras del papa Francisco, ha indicado que la inmigración es un gran reto pastoral de la Iglesia en todo el mundo. Además, ha aludido a los pactos firmados por España para frenar las devoluciones en caliente.

«Un refugiado que huye de una guerra o del hambre no debe ser devuelto a un país donde se enfrenta a graves amenazas a su vida o su libertad», ha añadido Elizalde, que también ha pedido a las instituciones y a los representantes políticos que promuevan medidas para garantizar esa protección. EFE


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