El Alavés vive su mejor arranque liguero de siempre. Números de campeón, fútbol de verdad, orgullo de ciudad. Pero en Mendizorroza, entre los aplausos y los goles, hubo algo más grande que la victoria: la emoción de un homenaje sincero.

Los números del Alavés… ¡Le harían campeón de Liga! 

PANTALLA DEL CAMPO

Cuando en la pantalla apareció Mikel, el estadio se puso en pie. No por protocolo, sino por sentimiento. Porque todos recordaban aquel debut que encendió Vitoria y aquella lesión que nos dejó un nudo en la garganta.

GOLES POR ÉL

Y cuando Boyé y Mariano marcaron, no lo dudaron: alzaron su camiseta, la del 19, la de Mikel, y la enseñaron al cielo y a la grada. Fue un gesto simple, pero cargado de verdad. De esos que no se ensayan, se sienten.

SALIÓ CON MULETAS

Y luego, Mikel salió al campo. Con muletas, sí, pero con la misma fuerza que aquel día que revolucionó el partido. Mendizorroza rugió como si hubiera marcado él. Porque, en el fondo, lo había hecho: había ganado la batalla más difícil, la del ánimo, la del cariño, la de seguir siendo parte del equipo aunque no pueda jugar.

Este Alavés está haciendo historia, pero su mayor triunfo no está en los puntos ni en la tabla. Está en esa ovación que une a un jugador y a una ciudad. En ese aplauso que dice: “No estás solo, Mikel. Este equipo también juega por ti.”

Y AL PRINCIPIO CAMISETA

Los jugadores salieron al campo con una camiseta de homenaje a Mikel.

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