¿Los curas se dan la vidorra? ¡Un libro en Vitoria lo aclara!

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El sacerdote José Luis Larrucea ha recopilado en la segunda parte del libro “Vivir como un cura. Deshaciendo tópicos” anécdotas de sus más de cincuenta años de ministerio con las que confía desterrar la idea de que los curas “se dan la vidorra”.

“Vivir como un cura tiene el significado de que los sacerdotes se dan la vidorra porque trabajan poco, cobran mucho y son pedigüeños y comodones. Me gustaría desmentir esa imagen no porque yo sea un ejemplo para la humanidad, sino porque soy el que mejor conoce mi vida”, dice a Efe entre risas.

Explica que desde que se ordenó sacerdote en 1964 su vida “ha estado marcada por la cercanía al dolor ajeno, sobre todo de enfermos, minusválidos, niños maltratados y últimamente con ancianos”.

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“Esto no responde a lo que algunos entienden como vidorra” y por ello “no se puede hacer una descalificación genérica” de los curas, defiende Larrucea, que nació en Itsasondo (Gipuzkoa) en 1941, pero que desde su infancia tuvo mucha relación con Álava y ha desarrollado su labor como sacerdote en este territorio.

A pesar de ese trabajo al lado de personas que sufrían, Larrucea narra vivencias y “sucedidos” que arrancan una sonrisa al lector porque “con sentido del humor todo entra mucho mejor”.

Para preservar la “confidencialidad” ha optado por cambiar los nombres de los protagonistas de las anécdotas, de las que no puede destacar solo una porque según explica: “todas son mías”.

Al igual que en la primera parte de “Vivir como un cura. Deshaciendo tópicos” (2014), Larrucea incluye no solo episodios anecdóticos, sino también cartas al director que ha escrito a lo largo de los años y otras reflexiones personales.

Hombre inquieto -también hace tallas de madera- confiesa que hace cuatro años se decidió a escribir la primera parte animado por los comentarios de sus allegados y que, a pesar de que “nunca había proyectado escribir un libro”, reconoce que se quedó “a gusto” con la experiencia porque repasar su vida le valió para darse cuenta de que “ha merecido la pena vivir”.

También ahora han sido los ánimos de otros los que le han llevado a escribir esta segunda parte. “La gente que ha leído el primero me ha dicho lo han releído, que se han reído, que se han divertido… Y además había material”, dice jocoso.

Los beneficios de la venta de este libro -al igual que el primero- se destinarán a Cáritas de Vitoria. EFE

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