Cultivos en Álava para hacer cerveza artesana

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Motorgorbea – VERANO 18
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(EFE).- El cultivo de las variedades de lúpulo que utilizan los cerveceros artesanales ha comenzado a probarse en dos plantaciones de Álava y Gipuzkoa, donde quieren comprobar su adaptación y rentabilidad económica.

En el caso de Gipuzkoa, varios baserritarras de la zona de Villabona se han unido para probar las diferentes variedades de lúpulo y en esta próxima cosecha ya utilizarán la producción de sus campos para hacer cerveza.

En Álava el proyecto va más allá con la colaboración de investigadores del instituto de investigación Neiker y del centro tecnológico Azti.

Estas dos iniciativas se suman a la de “cerveceros caseros, que producen para consumo propio. Pero los cerveceros artesanales necesitan un lúpulo que lleve todo el control sanitario y las certificaciones” pertinentes, explica a Efe Roberto Pérez, uno de los investigadores de Neiker.

La iniciativa alavesa comenzó el año pasado con una plantación de 1.000 metros cuadrados en Berantevilla, donde se ensayan seis variedades de lúpulo (1 común y otras 5 escogidas por los cerveceros artesanales).

El objetivo es probar si Álava puede convertirse en los próximos años en un productor del lúpulo denominado “premium”, muy cotizado por las cerveceras artesanales y que hasta ahora se importa de Estados Unidos, Australia o Alemania y cuenta con listas de espera.

En el experimento colabora la Unión de Agricultores y Ganaderos de Álava (UAGA) y la Euskal Garagardo Elkartea (EGE), la asociación de cerveceros de Euskadi.

De hecho, con la segunda cosecha del lúpulo que se recogerá entre la última semana de agosto y la primera de septiembre las casas artesanales podrán empezar a hacer pruebas con el lúpulo alavés e incluso sacar cerveza a la venta con este ingrediente, aunque el estudio continuará desarrollándose durante tres años para completarse, cuando el cultivo esté a pleno rendimiento.

En el proyecto también se analiza la viabilidad económica, por lo que Neiker ha visitado a productores de León, que generan el 95 % de la producción estatal de lúpulo, aunque de la variedad más amarga, destinada a las grandes cerveceras, y se han fijado en otras siete hectáreas que se gestionan en Santo Domingo de la Calzada (La Rioja).

“El inicio de esta actividad supone una inversión muy elevada, por lo que queremos ver qué tal funciona”, apunta el investigador de Neiker, que sabe que la buena marcha de estos cultivos depende de que “entre los propios cerveceros de Euskadi haya un interés y un compromiso en cuanto a contratos de venta de cinco a diez años”.

El elevado coste de la maquinaria y la dedicación al cultivo del lúpulo, que ronda las 220 horas por hectárea, es el hándicap que ven tanto los investigadores como la UAGA, aunque el presidente del colectivo, Javier Torre, es partidario de que tras conocer los resultados el lúpulo se extienda a más explotaciones.

“Al final lo que pretendemos desde UAGA es que se meta más gente. No es un cultivo para plantar en extensivo, pero sí sirve para que una persona tenga una o dos hectáreas, y que en Álava haya unas 15 hectáreas o más”, defiende Torre.

El tercer eje del proyecto son los cerveceros artesanales, que ven en el proyecto una solución a su abastecimiento de lúpulo y la posibilidad de hacer una cerveza “elaborada íntegramente en el País Vasco, de ‘Kilómetro 0′”, señala Jabi Ortega, presidente de EGE, que apuesta por establecer contratos con los futuros productores y garantizar la viabilidad de estos cultivos. EFE

 

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